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Tres familias normales PDF Imprimir E-mail
Por Francisco Mejía / Milenio Semanal   
Domingo 31 de enero de 2010

Anel y Norma defienden su derecho a tener hijos. Están felices porque en pocos días (en el mes de marzo) podrán oficializar su relación de pareja con el matrimonio que sus amigos ya esperan, pero también por iniciar los trámites para el reconocimiento de su hija Andrea, de ocho años de edad.

Ésta, feliz les echa porras.

“Está muy emocionada con la idea de que ella pondrá los anillos y el vestido largo con su cola, ¡uyyyy!, y sólo pregunta, ‘¿cómo para cuándo?’, brinca y ríe…”, dice Norma. Anel sonríe y adiciona: “sí, esta súper emocionada”.

Pero ahora se abre un compás de incertidumbre para la comunicad lésbico gay de la Ciudad de México con la solicitud de inconstitucionalidad que presentó la Procuraduría General de la República (PGR) el pasado miércoles ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Su objetivo es echar abajo lo aprobado en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) el pasado 21 de diciembre en materia de legalización de las parejas gay. Parejas que ya están allí, que no se inventaron con la nueva ley y que sólo buscan regularizar su situación.

FAMILIA UNO

Raúl las mira y va de un cuerpo a otro. Los brazos de sus madres se abren y juegan con él, que se deja apapachar; alza la cara, mira al extraño que es el reportero y suelta la pregunta: “¿Tú tienes dos mamás?”.

Sus madres y él lucen orgullosos. Ambas están preparadas para legalizar su unión a raíz de los cambios en la ALDF. Pero “sobre todo queremos arreglar la situación jurídica de Raúl, porque a él le queremos dejar nuestras propiedades”, dice la misma Liliana.

Esa misma legalización de los matrimonios lésbico gay trajo consigo el permitir la adopción de menores de edad. Una de las madres se llama Rebeca Ortiz y vive con su pareja, Liliana, en la colonia Del Valle. Su hijo Raúl tiene cinco años de edad. Su vida en común, dice la primera, ha sido de felicidad desde que éste llegó. Él fue concebido en el vientre de otra mujer…

Todo comenzó hace seis años, cuando juntas tuvieron la necesidad de tener un hijo o hija. Fue así como llegaron a la ciudad de Los Ángeles. Ahí comenzaron a buscar los anuncios cada vez más recurrentes de “alquilo mi vientre”, “alquilo vientre a parejas gay, seriedad y buena salud…”. Eso era lo que buscaban.

La chica con la que se entrevistaron “lucia bien y además tenía recomendaciones de unos doctores de un centro de fertilidad; todo parecía serio y formal. Además ella nos dio la opción de investigarla y así lo hicimos”, cuenta Rebeca. Ella y Liliana nos abrieron las puertas de su departamento para contar su testimonio. Las dos se definen orgullosamente parte de las alrededor de 250 mil familias homoparentales (parejas de dos mamás o dos papás) que han buscado las formas y las han encontrado para tener bajo su tutela a algún menor de edad.

En San Diego, Estados Unidos, hay otro de esos centros, el Conceptual Options, LLC, con afiliación a la American Society of Reproductive Medicine (ASRM, por sus siglas en ingles). Aquí se dedican al alquiler de vientres y/o donación de óvulos. Según los registros de ambas instituciones la demanda por parte de familias gay va en aumento, y algunas de ellas son mexicanas. Eso en la Ciudad de México ya no es nuevo, pero es un tema que aún asusta a las buenas conciencias, a pesar de las muchas parejas gay mexicanas que se han decidido a tener hijos vía la inseminación artificial. “Se ha dado y se sigue dando”, manifiesta Francisco Javier Lagunas, activista del Círculo de Familias Diversas.

Liliana afirma que “Raúl es nuestro objetivo de vida y nosotras decidimos tenerlo. Es falso como dice la Iglesia que las lesbianas no sepamos educar a los niños. Lo sabemos y no somos pederastas…”. Es falso también, dice Ernesto Suárez del mismo Círculo, que alguien que sea “abiertamente homosexual su hijo vaya a ser igual”. Y da ejemplos de parejas que han educado a sus hijos con éxito, él entre ellos. Su pareja tuvo un hijo producto de una anterior relación heterosexual y ambos se hicieron cargo del chico desde que éste tenía un año de edad. Hoy ya tiene 18 años.

LOS SITIOS PARA SER PADRES…

“Hola soy un chico gay de 21 años con una pareja estable de 26 años y con más de un año de relación. Nuestro sueño es tener un bebé al cual poder criar, tenerlo con nosotros y darle todo lo que necesite”, es un anuncio que un gay mexicano dejó en la página web, co-padres.net. Otro es el siguiente: “Hola, soy lesbiana y deseo tener un hijo, sin compromiso de paternidad. Tengo una economía estable y pareja de cinco años. Debe ser por inseminación?”

La página ha tenido éxito a nivel mundial y llegó a México en septiembre del año pasado. El 30 por ciento de sus 500 usuarios en América Latina son mexicanos pero, para ciertas corrientes de pensamiento agrupadas en el PAN o la Iglesia católica y algunas cristianas, simplemente no debe existir la realidad de las familias homoparentales. La legisladora Enoé Uranga afirma que en México “hay una invisibilidad total de las parejas gay con hijos. Para el PAN parece que esto no existe; las lesbianas pueden tener hijos por la vía tradicional, es un mero asunto biológico, aunque por adopción sean una realidad. En este momento el tema de los matrimonios homosexuales atenta contra intereses de la iglesia y estoy convencida cada vez más de que el PAN tiene vocación de iglesia”.

FAMILIA DOS

Sara y Teresa tuvieron cada quien un hijo con su respectiva pareja heterosexual; cuando ambas se encontraron se entendieron de inmediato o, como la primera lo dice, “nos llegó el flechazo”. Así, decidieron vivir juntas con sus dos hijos. Ahora ellos tienen 19 y 21 años “y no son homosexuales, ni pervertidos como dice la Iglesia”. Teresa lo dice con claridad: “Somos lesbianas, ¿y qué? Sabemos educar y ahí están: lo hicimos bien”.

Cuando ambas se encontraron ya eran otras. Su opción de vida sexual estaba definida. Decidieron vivir juntas con sus hijos. “No hay problemas de nada, ellos definieron su masculinidad; lo que pervierte a la familia son los políticos, la derecha y la Iglesia”, dice Sara, y seguro piensa en los pederastas cuando así lo dice.

FAMILIA TRES

Anel, Norma y su hija Andrea viven en un departamento de la colonia Narvarte. Abajo los ruidos de los vehículos se escuchan y pasan ajenos a lo que cada una de las familias que habitan este edificio vive, piensa y siente. Los muros de su departamento están pintados de un verde suave y claro. En el pasillo hay unos cuadros con ilustraciones. Las tres mujeres, dos de ellas profesionistas en materia de diseño y la pequeña estudiante en tercer grado de primaria, viven atentas al debate que se da en su comunidad. Leen las opiniones de los heterosexuales. Están preocupadas. Así lo dice Norma: “Hay opiniones muy violentas, sobre todo cuando hablan hombres desde su lado misógino…”

En la conversación tercia su pareja: “Hay muchos estereotipos de cómo la gente se imagina debe ser una lesbiana o un gay, pero no, habemos de todo tipo, así como hay heterosexuales de todo tipo”.

FM: ¿Cómo las tratan a ustedes?

A: En nuestro entorno no hay discriminación, ni violencia. Pero por los medios vemos que hay mucha homofobia.

FM: ¿En la sociedad?

A: En personas con menor educación y personas mayores. Muchos de ellos están en contra de la adopción.

FM: ¿Eso las molesta?

A: No me molesta, me preocupa, porque son muy, muy violentos los comentarios que hacen.

Andrea asiente, va y viene. Ríe y traza figuras en el aire. Se mueve en la silla del comedor donde sus madres platican. Ella misma ha diseñado su propia pancarta que lleva a las marchas del Orgullo Gay; la muestra. Se les inquiere sobre el casamiento que viene una vez que en los primeros días de marzo próximo entre en vigor la ley de matrimonios entre parejas del mismo sexo. “Nos casaremos tan luego entre en vigor y después iniciaremos los trámites del reconocimiento de Andrea”. Ese es su proyecto de vida. Las dos mujeres lucen hermosas y felices cuando lo dicen, seguras de sí mismas. Las palabras van de una boca a otra. Y recuerdan festivas los comentarios de sus compañeros en el trabajo y en su propia comunicad lésbico gay: “Ya varios amigos y amigas cercanos nos han dicho: yo pongo la comida, yo soy el padrino, yo soy la madrina. ¿Cuándo es la fiesta? Nos preguntan”.

Las dos hablan emocionadas de su hija Andrea, o Andy. “En la escuela les ha dicho a sus compañeros, ‘¡tengo dos mamás!’. Sí, ella lo ve con naturalidad”. Interviene Norma: “Les ha dicho tengo dos mamás, y alguna vez un niño le respondió, y yo tengo ocho tíos”.

Andy es el orgullo de las dos y su presencia niega que las parejas del mismo sexo perviertan a los hijos, como ha acusado la Iglesia. “La religión produce ignorancia, sí, eso produce”, dice Norma.


Las controversias del procurador

El procurador Arturo Chávez Chávez, el mismo que recomendó a las mujeres de Ciudad Juárez que no usaran minifalda y que cargaran un espray de gas pimienta como fórmula para evitar que las asesinaran —acuñó la frase de “las violan y las matan por prostitutas” cuando fue procurador de Chihuahua—, levantó nuevamente la crítica al promover un juicio ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación para que se anulen las reformas legales en el Distrito Federal que permiten contraer matrimonio y adoptar niños a personas del mismo sexo.

“El rey de la impunidad del feminicidio” en esa ciudad, como se le conoce, recibió una respuesta pronta del jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, quien dijo: “Se está respondiendo así a la presión de quienes no están de acuerdo con la ley y se está buscando que la Suprema Corte reduzca, límite o elimine derechos de personas. Ese es el tema de fondo”.

El viernes 29 la SCJN admitió a trámite el juicio de acción de inconstitucionalidad que promovió Chávez Chávez. El ministro Sergio Valls recibió la documentación que pretende anular la legislación aprobada el 21 de diciembre pasado por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF).

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